Aunque suene a Julio Verne, lo cierto es que la idea de hacer una supercalculadora no es nueva. Ya en el siglo XIX, conocido también como la "era del vapor", el británico Charles Babbage (1791 -1891) intentó hacer una computadora mecánica, de la cual hizo varios esquemas y modelos discretos, aunque nunca llegó a culminar su invento. La complejidad del sistema iba a ser tal, que para mover con facilidad los miles de engranajes que la formarían deberían recurrir a una caldera de vapor como las de los telares mecánicos de la época.
A la incredulidad de sus contemporáneos se unieron dificultades mecánicas, pues las piezas rozaban entre sí y se atascaban. Tan sólo Lady Ada Lovelace (hija de Lord Byron) se apasionó con el proyecto y realizó los primeros programas en tarjetas perforadas, por lo que se la considera la primera programadora de la historia.
Babbage nunca terminó la máquina. Al igual que con la turbina de Herón, su invento fue denostado y olvidado hasta que fue "redescubierto" en el S. XX. Como en tantos otros casos, podemos preguntarnos ¿Y si hubiera tenido éxito en su empeño?
Probablemente la historia hubiera sido muy diferente.

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